Cuando aliviar un síntoma por nuestra cuenta puede convertirse en un problema mayor.
Te duele la cabeza y buscas una pastilla. Tienes síntomas de gripa y tomas lo mismo que la última vez. Te duele la garganta y alguien te dice: “tómate esto, que a mí me funcionó”.
Son situaciones tan comunes que pocas veces pensamos en ellas como automedicación. Sin embargo, tomar medicamentos sin conocer realmente qué está causando nuestros síntomas puede traer más riesgos de los que imaginamos.
Porque que un medicamento sea conocido, esté en nuestro botiquín o le haya funcionado a alguien más no significa que sea el adecuado para nosotros.
“A mí me funcionó” no significa que sea adecuado para ti
Dos personas pueden tener los mismos síntomas y necesitar tratamientos completamente diferentes. La edad, las alergias, las enfermedades previas, otros medicamentos que estemos tomando e incluso la dosis pueden cambiar la forma en que nuestro cuerpo responde.
Automedicarse puede provocar efectos adversos, interacciones entre medicamentos o incluso disminuir temporalmente un síntoma y retrasar la consulta por un problema que necesita atención.
Con los antibióticos, el riesgo puede ir más allá
- “Me quedaron unas cápsulas de la vez pasada”.
- “Siempre tomo este cuando me duele la garganta”.
Los antibióticos no funcionan para todas las enfermedades. Usarlos cuando no son necesarios, tomar una dosis incorrecta o suspenderlos sin indicación puede contribuir a la resistencia a los antibióticos. Esto significa que las bacterias pueden volverse resistentes y algunos medicamentos que antes funcionaban podrían dejar de ser efectivos cuando realmente los necesitemos.
Por eso, los antibióticos deben utilizarse únicamente bajo indicación de un profesional de la salud.
¿Y si es un medicamento de venta libre?
Que podamos comprar un medicamento sin fórmula médica no significa que podamos tomarlo de cualquier manera. También tienen dosis, contraindicaciones y posibles efectos adversos. Además, algunos productos pueden contener el mismo principio activo y, al combinarlos sin saberlo, podríamos consumir una cantidad mayor a la recomendada.
Leer las indicaciones, respetar las dosis y consultar cuando existen dudas también hace parte de un uso responsable.
Antes de tomar algo, hazte estas preguntas
Antes de buscar una pastilla en el botiquín, vale la pena preguntarse:
- ¿Sé realmente para qué sirve este medicamento?
- ¿Conozco la dosis que debo tomar?
- ¿Puede interferir con otro medicamento que estoy usando?
- ¿Estoy tratando la causa o solamente intentando quitar el síntoma?
- ¿Es momento de consultar a un profesional?
Si los síntomas persisten, empeoran o aparecen nuevamente con frecuencia, continuar automedicándose no debería reemplazar una valoración profesional.
Cuidarse no siempre significa tomar algo
Cuando sentimos dolor o malestar queremos una solución rápida. Pero esa solución no siempre está en el medicamento que tenemos en casa, en la recomendación de alguien cercano o en una fórmula que utilizamos hace meses. Los medicamentos son grandes aliados cuando se utilizan correctamente. La diferencia está en hacerlo de manera informada y responsable.







